En el
pasado, ser profesor era más fácil; por un lado, la escuela no tenía ningún
otro competidor a la hora de impartir y regentar el conocimiento de los más
jóvenes, y por el otro, ir a la escuela era un privilegio reservado a grupos reducidos
y homogéneos y la llave para el ascenso social. El sistema educativo estaba
pensado para unos pocos y se podía permitir seleccionar, porque la sociedad
tenía claro su papel de garante de un futuro mejor para los jóvenes que no
formaban parte ya, por nacimiento, de una élite social e intelectual.
Pero ahora
las fuentes de conocimiento se han multiplicado y la formación necesaria para
conseguir un buen empleo, cambia constantemente. En este nuevo contexto la
escuela muestra, frecuentemente, una capacidad de reacción a menudo más lenta
que la de la sociedad y los propios alumnos frente a estos cambios. Su función
de impartir contenidos se ve frenada, además, porque la educación es un derecho
universal en una sociedad cada vez más multicultural. Aunque todos reconocemos
el logro que esto supone, una de sus consecuencias de la educación obligatoria
es que las aulas, cuando los alumnos no le ven el sentido a estar en ellas,
dejan de ser dóciles a la labor docente.
Por todo
ello, la escuela se ha convertido en un lugar en que algunos, profesores y
alumnos, están desmotivados.
¿Cómo
conseguir que la escuela sea más atractiva para profesores y alumnos?, ¿Cómo
motivar mejor a ambos colectivos?
Nuestra
propuesta es fácil de enunciar y consiste, simple y llanamente, en ayudar al
profesorado, en este nuevo contexto, a aprender a enseñar, para, en el marco de
una enseñanza universalizada, poder enseñar a aprender a todos los alumnos.
Estamos hablando de centrarnos en las competencias docentes que necesita el
profesorado para mejorar resultados en un escenario nuevo y cambiante.
Creemos que
definir las competencias docentes generales y específicas del siglo XXI, buscar
recursos útiles y establecer un debate entre docentes ha de ayudarnos a mejorar
la calidad de nuestras clases, la motivación de los alumnos y nuestra propia
satisfacción personal.
Para ello,
lo primero que necesitamos es identificar cuáles son éstas competencias
docentes. De este modo, hemos adoptado, a partir
del marco que proponen diversos autores, un decálogo de 10 competencias docentes generales, divididas a su vez en diversas competencias
específicas. A partir de ellas aspiramos a estructurar un debate sembrado de Creemos que ofrecer un debate, recursos y la posibilidad de debatir a partir de un marco que estructure el discurso puede contribuir a la mejora de las condiciones de trabajo del profesorado a aquellos docentes que quieran Enseñar a Aprender embarcarse en el apasionante viaje que separa lo que somos de lo que queremos ser estrategias y respuestas múltiples, elaborado por y para los profesores.
del marco que proponen diversos autores, un decálogo de 10 competencias docentes generales, divididas a su vez en diversas competencias
específicas. A partir de ellas aspiramos a estructurar un debate sembrado de Creemos que ofrecer un debate, recursos y la posibilidad de debatir a partir de un marco que estructure el discurso puede contribuir a la mejora de las condiciones de trabajo del profesorado a aquellos docentes que quieran Enseñar a Aprender embarcarse en el apasionante viaje que separa lo que somos de lo que queremos ser estrategias y respuestas múltiples, elaborado por y para los profesores.
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